viernes, 23 de julio de 2010

Un viejo que leía novelas de amor

A Antonio José Bolívar Proaño le cogí cariño muy pronto. Es un anciano que vive en El Idilio, un poblado de la Amazonia ecuatoriana, en la zona de los indios shuar. Con ellos ha aprendido a desenvolverse en la selva y a respetarla. Es un gran cazador y conoce todos los secretos de la jungla, los comportamientos de los animales, del río y de las plantas. En su cabaña lee las novelas de amor que le trae el dentista Rubicundo Loachimín un par de veces al año. Lo hace muy despacito, de pie sobre una mesa alta, ayudándose de una lupa. Antonio José Bolívar Proaño es el personaje protagonista de Un viejo que leía novelas de amor, obra del escritor chileno Luis Sepúlveda (Ovalle, 1949). La novela me ha fascinado por su transparencia, por sus diálogos ágiles y sinceros, por la belleza de sus escenas, sencillas y muy bien narradas, por sus personajes, en especial Antonio José Bolívar Proaño. Lo veía esforzándose por imaginar los paisajes de la novela que tenía entre las manos, leyendo una y otra vez los párrafos, soñando. El libro también me ha cautivado por su temática, centrada en la Amazonia, un lugar que desde hace cinco años, cuando leí Senderos de libertad, de Javier Moro (Madrid, 1955), me emociona y me atrae. Además, la novela de Sepúlveda guarda una hermosa sorpresa al comienzo, en la nota del autor, que dedica su libro a una persona que admiro muchísimo y que precisamente es protagonista de Senderos de Libertad. Esta es la nota que escribió Luis Sepúlveda:

“Cuando esta novela era leída en Oviedo por los integrantes del jurado que pocos días más tarde le otorgaría el Premio Tigre Juan, a muchos miles de kilómetros de distancia e ignominia una banda de asesinos armados y pagados por otros criminales mayores, de los que llevan trajes bien cortados, uñas cuidadas y dicen actuar en nombre del “progreso”, terminaba con la vida de uno de los más preclaros defensores de la amazonía, y una de las figuras más destacadas y consecuentes del Movimiento Ecológico Universal.

Esta novela ya nunca llegará a tus manos, Chico Mendes, querido amigo de pocas palabras y muchas acciones, pero el Premio Tigre Juan es también tuyo, y de todos los que continuarán tu camino, nuestro camino colectivo en defensa de este único mundo que tenemos”.

Gracias a este texto me sentí un poco más cerca de la Amazonia, de mi amigo Gomercindo que vive en Río Branco, capital del estado brasileño de Acre, de Chico Mendes, que nos cuida desde el cielo.


Un viejo que leía novelas de amor frente a la estantería de mi habitación en Milagro.

2 comentarios:

B dijo...

Yo ya sabes que la selva, la Amazonia y todo ese rollo en los libros no me va nada. Así que no dudo de que sea un gran libro, pero me suena a historia algo lenta y no es por criticar, porque probablemente no tiene nada que ver, pero los nombres de los personajes, y todo lo que les rodea me recuerda un poco a García Márquez, y como pienso que en ese ambiente mágico y misterioso él es insuperable, pues una se va a volver a leer por quinta vez Cien años de soledad en vez de empezar con El viejo que leía novelas de amor. Si me sobrepongo a mi cabezonería absurda, serás la primera en saberlo.

Leire dijo...

La verdad es que sí tiene tono de realismo mágico, pero es diferente a García Márquez, que me encanta, eso sí. Lo que pasa que no son comparables porque ésta es una novela corta y es mucho más sencilla que la trama de Cien años de soledad. Un viejo que leía novelas de amor tiene una delicadeza y una forma de conducir al lector transparente. Además es ágil y se nota que el autor escribe con cariño, con respeto y que conoce bien esos lugares, sus problemas, el asedio que están sufriendo de forma constante la selva y sus pueblos. Si te animas a leerlo ya me contarás ;).