martes, 24 de agosto de 2010

En negro

Estábamos sedientos. Veníamos de pasar los cuarenta y cinco minutos de rigor navegando en una de las barcas del lago de El Retiro, en Madrid, bajo un abrasador sol de agosto. Sonia y Julio remaban con elegancia (tienen futuro en las traineras, lo veo venir), y yo hacía el ridículo. Después de las risas en la embarcación, que a punto estuvo de volcar en dos ocasiones a causa de nuestros movimientos temerarios para hacer fotografías, buscábamos agua. Pero agua gratis. Y en Madrid, dar con una fuente es como encontrar un oasis en el desierto. Nos resistimos a pagar los botellines de los chiringuitos del parque. Caminábamos frente al Congreso de los Diputados cuando lo vimos. Era un puestecito de helados y refrescos situado mitad de la calle. Un litro y medio de agua. El 'maná' a tan sólo un euro y medio de nuestras gargantas. Compramos una botella y nos la bebimos con satisfacción en seis tragos. Pero no hay 'maná' completo sin comida, así que fuimos a darnos un homenaje a un restaurante. Después de barajar cincuenta opciones, siempre tan dubitativos, acudimos al Di Bocca, un italiano situado en el número 3 de la plaza Canalejas. Allí tomamos focaccia, un base finísima de pan con tomate, jamón y aceite de oliva. Un deleite. Después, Julio pidió raviolis rellenos de queso con salsa de pera o viceversa, raviolis rellenos de pera con salsa de queso, Sonia tomó los clásicos y riquísimos espaguetis a la boloñesa, y yo me dejé llevar a unos espaguetis negros con sepia y sofrito de ajo. Cometimos el sacrilegio de regar estos manjares con bebidas burbujeantes, pero estaban deliciosos. Y, por supuesto, disfrutamos de una conversación animada entre amigos. ¡Nada mejor para un fin de semana los tres juntos después de más de dos meses sin reunirnos!

En la fotografía, Sonia, futura capitana de Kaiku, y yo en el lago de El Retiro. Al otro lado del objetivo, Julio, otro artista del remo. Fue el siete de agosto.


Escribo una de nuestras historias madrileñas después de haber leído esta columna gastronómica de Manuel Martín Ferrand titulada 'En negro' y publicada en El Almirez, en el dominical XL Semanal. Preparaos para comenzar a salivar...


"La primera vez que comí en Arzak (Avenida Alcalde Elosegui, 273. San Sebastián, Guipúzcoa), naciendo los 60, Juan María aún no se había incorporado al restaurante. La casa la regentaba su madre, Francisca Arratíbel, que llegó a alcanzar notoriedad y prestigio por los insuperables chipirones en su tinta que guisaba en lo que es hoy, con más de un siglo de historia, una de las catedrales gastronómicas españolas. Curiosamente, fue un poeta gaditano, Fernando Quiñones, quien me puso en la pista del establecimiento que, entonces, no tenía estrellas, soles, puntos y demás signos que ha ido contribuyendo al entendimiento actual del gozo de comer. No tengo en la memoria mejores chipirones que los de doña Francisca y, cada vez que los pruebo, me acuerdo devotamente de ella. Aparte de las aceitunas negras, más frecuentes en el Mediterráneo oriental que en el nuestro –extraordinarias las que sirven de aperitivo en El Puchero (Larra, 14. Madrid)– son pocos los platos en negro que se incluyen en los usos gastronómicos. Recuerdo ahora, junto con los chipirones en su tinta, el arroz negro de El ventorrillo murciano (Tres peces, 20. Madrid), un modesto restaurante, extraordinario en su relación calidad/precio, en el que una cocinera cubana –Ivette– elabora arroces levantinos con singular maestría. Notables son también las albóndigas de calamar, una receta singular de Casa Calvo (Puente de San Miguel, Reocín, Cantabria). José Luis y Jesús Merino, maestros en la cocina casera, cubren con su tinta, como acharolándolas, las albóndigas de calamar picado y el plato, una sinfonía en negro, merece honores de antología. El negro también es apetitoso."



Estoy de acuerdo con él. El negro también es apetitoso: los calamares, el arroz, la pasta... En la imagen, tomada de la web Recetas de rechupete, espaguetis negros con gulas y gambas.

Como vivo cerquita del restaurante de Arzak (en XL semanal la dirección era incorrecta, pero aquí la he modificado), espero que mi vecino Juan Mari me prepare algún día esos suculentos chipirones en su tinta. Me gustaría compararlos con los de mi mamá. Os aseguro que son espectaculares.

5 comentarios:

Lamisma dijo...

Estoy de acuerdo, el negro también es apetitoso! Mi mamá el otro día cocinço espaguetis negros con gambas y calamares, parecido a la foto que colgaste. QUé ricos estaban!!

Los chipirones en su tinta...otro suculento plato!!
Y dejo de hablar que me está entrando hambre y no son horas! jaja

B dijo...

Cómo os cuidáis, condenados!!!

Mary Bad dijo...

Yo necesito un buen plato de caparrones de Anguiano (alubia muy cotizada y famosa en La Rioja) y las croquetas de mi madre. Los fines de semana sólo como judías verdes "porque es lo que abunda ahora en el huerto del tío Modesto".

eresfea dijo...

¡Jopé con las remeritas!

A fin de mes: mitad gula y mitad espagueti negro. Pochas las cebolla picada a punto de caramelo y ya está.

Cutillo dijo...

Debo admitir que S. es mejor con los remos que un servidor.

Espero con impaciencia tu próximo post
:)