jueves, 30 de septiembre de 2010

Un regalo en forma de columna

En mayo compartí en el bloc de notas de mi cuenta de facebook unas líneas y una columna muy especial, escrita por Paco Sánchez, que también transcribí. Entonces estaba a punto de licenciarme en Periodismo. Hoy, ya licenciada y último día de las prácticas de verano, quiero traer de nuevo esas líneas y, sobre todo, esa columna, que me sigue arropando:

"Hace un año leí por primera vez Miércoles de ceniza, una columna escrita por Paco Sánchez, periodista de La Voz de Galicia y profesor. Es mi columna favorita. Vuelvo a ella muchas veces, en especial en los últimos meses. Es un texto que dice mucho más de lo que dice, como el poema de T.S. Eliot que lleva el mismo título y del que extrae unos versos. Cuando la leo no puedo evitar sentirme reflejada en esos alumnos de último curso que miran al futuro que se convierte en presente de pronto. Esta columna regala una enseñanza muy importante que me repito todos los días: “Enséñanos a que nos importe y a que no nos importe. Enséñanos a estar sentados tranquilos”. En mi estado de nerviosismo continuo he pensado muchas veces en esta frase, en lo que cuenta esta columna. No sé muy bien explicar toda la calma que me transmite, cuánto me ayuda a tranquilizarme. Aunque me resulte difícil. Gracias.

Miércoles de ceniza

Desde hace unos años, lo aprendí de un amigo, todos los miércoles de ceniza releo el poema de Eliot que lleva ese título. Me gusta. Tanto que he puesto en el salvapantallas dos de sus versos:

“Enséñanos a que nos importe y a que no nos importe
Enséñanos a estar sentados tranquilos”.

Como coincidía que este miércoles de ceniza comenzaba las clases en el útlimo curso, me pareció que era un buen momento para regalarles el poema. Cuando llegan al final – y el comienzo del último semestre es el comienzo del fin - , se ponen muy nervisos porque el futuro se les vuelve presente de pronto y todo futuro, por definición, es penumbroso. No porque vaya a resultar malo, sino porque no es fácil de ver. Sólo se puede entrever, no hay seguridad. Cuando se piensa demasiado en el futuro, se tiende a olvidar el presente o a vivirlo como un tiempo provisional, y semejante actitud desestabiliza al más pintado. En cuarto curso siempre pasa, por eso quería que leyeran aquellos otros versos del mismo poema:

“Porque el tiempo es siempre tiempo
y el lugar es siempre y sólo lugar
y lo que es efectivo es sólo efectivo por una vez
y sólo para un lugar
me alegro de que las cosas sean como son”.

Quería decirles que ahora lo importante es vivir estos casi irrepetibles cinco meses de Universidad que aún les quedan. Que todo comienzo es siempre un fin y que todo fin, como dice el mismo poeta en otra parte, es siempre un comienzo.

Pero a lo mejor no era eso lo que quería decirles en realidad. Quizá, me expliqué demasiado, como también diría el mismo Eliot. O no me expliqué con muchas palabras. O no era eso lo que necesitaban oír.

Luego les pedí que escribieran en un folio qué expectativas se habían hecho con la asignatura. Cuatro coincidieron: querían saber, por fin, cómo y dónde se encuentran las buenas historias.

Ahora no sé responder sin explicarme, otra vez, demasiado. Me gustaría decirles: sobran buenas historias, se amontonan por todas partes. Casi ni hay que buscarlas. Basta con aprender a “estar sentados tranquilos” y mirar. Pero quizá no baste. O quizá me lo esté inventando todo.

Total que dejé treinta copias del poema de Eliot para quien las quisiera. Ya digo, era un miércoles de ceniza. Al irme, recogí las que sobraban.
Sobraban casi todas.

Marzo de 1999."

martes, 28 de septiembre de 2010

Cuento en verso

Luis García Montero (Granada, 1958) escribió en el poemario Habitaciones separadas (1994) un poema que tambén es cuento: Primer día de vacaciones. Me imagino un paseo a nado hasta la isla de Santa Clara.

Nadaba yo en el mar y era muy tarde,
justo en ese momento
en el que las luces flotan como brasas
de una hoguera rendida
y en el agua se queman las preguntas,
los silencios extraños.

Había decidido nadar hasta la boya
roja, la que se esconde como el sol
al otro lado de las barcas.

Muy lejos de la orilla,
solitario y perdido en el crepúsculo,
me adentraba en el mar
sintiendo la inquietud que me conmueve
al adentrarme en un poema
o en una noche larga de amor desconocido.

Y de pronto la vi sobre las aguas.

Una mujer mayor,
de cansada belleza
y el pelo blanco recogido,
se me acercó nadando
con brazadas serenas.
Parecía venir del horizonte.

Al cruzarse conmigo,
se detuvo un momento y me miró a los ojos:
no he venido a buscarte,
no eres tú todavía.

Me despertó el tumulto del mercado
y el ruido de una moto
que cruzaba la calle con desesperación.
Era media mañana,
el cielo estaba limpio y parecía
una bandera viva
en el mástil de agosto.
Bajé a desayunar a la terraza
del paseo marítimo
y contemplé el bullicio de la gente,
el mar como una balsa,
los cuerpos bajo el sol.
En el periódico
el nombre del ahogado no era el mío.

Santa Clara y el monte Igueldo, un mediodía radiante en San Sebastián.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Lo que me queda por vivir

"Lo que me queda por vivir serán sonrisas, porque el dolor yo de mi vida lo he borrado. Lo que me queda por vivir será entre dichas, porque el sufrir que me ha tocado lo he agotado", canta Omara Portuondo (La Habana, 1930) en el bolero Lo que me queda por vivir. De esta canción tomó Elvira Lindo (Cádiz, 1962) el título de su nueva novela. "Cuando estaba escribiendo la novela, compré un disco de Omara Portuondo, me encontré con este bolero y pensé que la letra cuenta la historia de la novela. Le va muy bien porque lo que dice la canción es todo aquello que te queda por vivir después de haber pasado un momento complicado en la vida", explica la escritora.

El libro me ha fascinado. Llevaba esperándolo meses y, por fin, el 3 de septiembre llegó a las librerías. Es una novela muy personal, en la que Elvira deja parte de sí misma en cada palabra. Narra la historia de Antonia, un joven de 25 años que se ve sola en el complejo Madrid de los ochenta junto a su hijo Gabriel, de cuatro. Está llena de escenas cotidianas, tiernas, sensibles, duras, emocionantes. En ellas, el lector se zambulle en el alma humana, en los recuerdos, los complejos, las inseguridades y los tropiezos pero, sobre todo, en el amor que sostiene la fragilidad. Bucea en las relaciones familiares y amorosas, en el sentimiento de pérdida, de debilidad, en la conexión mágica entre la madre y el hijo.


Uno de los aspectos que más me han impactado del libro es la voz narradora, tan sincera y transparente. Acompaña al lector de la mano a través de los recuerdos, de los diálogos, directos y veloces. Se mueve en el tiempo pero en ningún momento el lector se pierde, la protagonista le lleva de la mano. Me fascina ese 'esqueleto narrativo', los cambios temporales, la forma en la que se va involucrando al lector en la historia, covirtiéndole en un espectador en primera fila de las emociones. Además, Antonia relata su historia desde la calma, sin rencor. Pienso que, como han reconocido muchos después de leerla, ésta es una novela valiente, que mira al corazón desnudo, sin artificios. Tuve la suerte de poder hacer una entrevista a Elvira pocos días antes de que el libro llegase a las librerías (publicada en El Diario Vasco) y después, mientras lo leía, asistir a una charla que dio en San Sebastián. Como siempre, se mostró muy amable y cercana, además de inteligente y reflexiva. Incluso tuvo el detalle de corregir una errata que aparece en la penúltima página del libro a todos los que nos acercamos a que nos firmase la novela. Pienso que opiniones y narraciones como la suya son muy necesarias para el mundo del "columnismo" y la literatura actual porque ofrecen puntos de vista e historias abiertas, sensibles, humanas. Sólo puedo decir gracias por regalarnos, una vez más, una gran historia.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Pretty Woman

Lo único que puedes hacer antes de montarte en un autobús con alas, también conocido como vuelo chárter, es gastarte todas las monedas que llevas sueltas en la tienda del aeropuerto. Por lo que pueda pasar. Bueno, en realidad es lo mejor que puedes hacer aunque te vayas a montar en el mejor avión de la más reputada aerolínea si partes de un país que no utiliza tu misma moneda. Sólo porque esas monedas no se pueden convertir en las casas de cambio. Eso es lo que hicimos Marta, Julio y yo en Londres antes de subirnos a un Ryanair. Podría entrar a contaos cómo fui vilmente estafada cuando la azafata me obligó a facturar mi equipaje, pero ésa ya es otra historia. Total que decidí fundir las libras y los peniques sueltos antes de embarcar. Deambulaba por una tienda de música y cine cuando lo vi: ¡un DVD de la edición especial 15 aniversario de Pretty Woman! Una de mis películas favoritas (sí, lo confieso), por fin, y en versión original. Reconozco que la tenía grabada de tele y que la he visto decenas de veces. Compré el DVD y el CD Viva la vida de Coldplay. No recuerdo cuánto me costaron. Quizá incluso tuve que dar algún billete pequeño, pero jo, lo de Coldplay también merecía la pena... Son tentaciones a las que no me puedo resistir.


La semana pasada vi por enésima vez, ésta en inglés, Pretty Woman. Me sé los diálogos casi de memoria, por lo que práctiacamente no tuve que atender a la película. De hecho, no me enteraría de muchas cosas porque los ejercicios de listening nunca fueron lo mío. Si no, que se lo pregunten a Richard, mi último ex profesor particular de esta lengua. No me acabo de acostumbrar a las voces en su idioma natural, sobre todo a la de Richard, esta vez Gere. Tengo tan asimilada la voz del actor de doblaje, el mismo que en Oficial y caballero, por ejemplo, que no lo relaciono con su voz real. Pero me gusta, en cualquier idioma.


Como sabéis, el lunes, Julia Roberts visitó San Sebastián para recoger el premio Donostia. ¡Y no pude verla! Ni a ella ni a Bardem. Sí vi a sus guardaespaldas y a los cochazos negros de la organización del Zinemaldia. No hubo la suerte del año pasado, que incluso conseguí que Brad Pitt me firmara un autógrafo en mi cuaderno. Sin embargo, sí pude disfrutar de todas las fotos que les hicieron. Sonrientes, guapísimos y amables con los seguidores. Siempre nos quedará Pretty Woman, walking down the street... Y las bolsas de Zara o Stradivarius cargadas.


¡Ah! En el País Vasco se ha desatado cierta polémica por el cartel que ha preparado Osakidetza para la campaña de la gripe de este año. En él aparecen un paciente y una doctora en la misma postura de Edward y Bibian (Richard y Julia) en el cartel de la película. Creo que la sanidad pública tiene cosas más importantes de las que preocuparse que de las connotaciones tontas que puedan buscarse a un póster. En la imagen, tomada de Google, el cartel de la película.
Pretty woman, give you smile to me...

lunes, 20 de septiembre de 2010

Necesidad

"El ser más profundo consiste precisamente en la inconsciencia vencida por el amor. Me bastaba sentir que te necesitaba para que estuvieras de nuevo a mi lado, me envolvieras, irradiaras todo aquello que no puedo llegar a saber acerca de mí mismo".

Vladimir Holan
(Praga 1905-1980)

sábado, 18 de septiembre de 2010

El caldico

Una cacerola enorme de caldo de carne y huevo duro espera hirviendo en la Avenida Navarra, en Milagro. A las ocho y media de la mañana del domingo, un goteo constante de personas hacen fila junto al puchero. Unas se acaban de levantar, otras no se han acostado todavía. Es la hora del caldico. ¡Y cómo nos gusta acudir! Es nuestro broche de oro para las fiestas grandes, el último domingo (este año, 12 de septiembre) justo antes de contemplar el encierro de toros desde el vallado. Por muy revitalizante que resulte el caldico caliente a esas horas de la mañana, no es plan de ponerse delante de los astados "de gaupasa". Eso sí, nos quedamos con la sabia frase de un filósofo milagrés, J.G, que pasará a los anales de la historia festiva : "Un par de caldicos de rocador ¡y a darlo todo otra vez!". Ni redbull, ni tonterías. Caldico, sí señor.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Picnic ribero

"I'm a Barbie girl, in the Barbie world, life in plastic, ¡it's fantastic!", cantan los cinco ocupantes de un Seat Toledo blanco que circula por la Avenida San Juan Milagro al ritmo del disco de Aqua (cinta de casette, precisa Paula). Uno de ellos saca dos prendas de ropa por la ventana, a modo de bandera, y saluda a los vecinos mientras se suceden canciones. Vienen de pasar unas horas a orillas del río Aragón, donde han tomado pasteles y la bebida del momento: sunny delight limón granizado. Vamos, el crianza de los sunnys (bebida refrescante sin alcohol). Los más atrevidos, D.G y D.P, incluso se han bañado y protagonizado un vídeo nadando como gambas (la grabación, para tranquilidad de los nadadores, sólo será para uso doméstico). Sol, río, toallas, esterillas, golosinas, pasteles, pipas, refrescos, mosquitos (miles) una baraja de cartas, música... Un picnic en plenas fiestas de Milagro, antes de acudir a ver las vaquillas de la tarde a la plaza.


Ssucedió el sábado, día de la paella popular, antes de acuidir a ésta. Ese día, penúltimo de las fiestas, se cocina una enorme paella de verdura, marisco (pocho, la verdad) y pollo en una paellera gigante colocada en la carretera. Por el precio de 2 euros, los comensales reciben un plato de paella, tenedor, servilleta y pan. Este año, después de la experiencia de las fiestas anteriores, en una vera del río en la que fuimos pasto de las moscas y sufrimos los levantamientos de tierra de los coches que pasaban, decidimos comerla en las mesas situadas junto al paletón, en el centro del pueblo. Tomamos rabas, croquetas y cuadraditos del bar-restaurante Burgalés. Debo decir que las moscas también nos acechaban. Lo pasamos muy bien y, además, esta edición fue la más multitudinaria por parte de la peña El Pañueliko. Sólo tuvimos tres bajas: Maider, que estaba descansando porque es saxofonista en la charanga de Milagro (se incorporó en el picnic), Javi (en Barcelona) y Naiara (en Veguellina, León).
¡A ver si la próxima estamos todos!

Una imagen de la paellada, al lado izquierdo, Dani, Ainhoa, Abigail y Paula. Al derecho, David, Leyre, Julia (hermana de Paula) y yo.

martes, 14 de septiembre de 2010

Día de las Peñas

Dos empedernidas jóvenes atravesaron la multitud de gente que se agolpaba frente al bar-restaurante Alameda, en Milagro, bailando a ritmo de la charanga Txantxullo de San Adrián. "Tengo una cáaaasita blanca para ti en un rincón de Milaaaagrooo", cantaban felices las cuadrillas. De un lado a otro de la calle, por encima de las mesas, trozos de pan, chorros de champán y otro peligro mayor para la ropa blanca: vino con coca-cola, alias Kalimotxo. Pero las chicas, llamémosles L.Z y L.E, tenían una misión y la cumplirían, aún a riesgo de acabar ellas también en la lavadora después de que sus madres viesen sus ropas festivas. El futuro (o, al menos, esa tarde) estaba en sus manos. PÑK confiaba en ellas. Al fin, después de atravesar el tramo que separaba el local de la zona donde se había instalado en catering para la comida, llegaron. Pero no lo encontraban. ¿No tenéis...? Una aliada del cuerpo de camareras se apartó sigilosamente. Con cuidado, sacó el objetivo, que se escondía en un barril cubierto de hielo. Lo puso en las manos de las jóvenes. Gracias, gracias. Sonrisas de triunfo. Ya lo tenían. Volvieron a atravesar la aglomeración, con delicadeza pero veloces cual velocirráptor. Al otro lado les esperaban tres miembros de la cuadrilla. ¡Ya lo tenemos! Y mostraron a Zoco, una hermosa botella de pacharán navarro sin estrenar. Es un elixir muy preciado por su facilidad para desaparecer en las comidas populares. "En un pueblo de Navarraaaa vive nuestro amigo Zocooo". Sacaron unos vasos cortos de plástico, que antes hicieron las veces de copas de champán, y brindaron. ¡Por El Pañueliko (PÑK)! ¡Por Milagro! ¡Por las fiestas! Y siguieron bailando a son de Txantxullo junto al resto de cuadrillas hasta el Casino. Y de ahí, a la plaza de las vaquillas.


En primer plano, Leyre y David, en la celebración del Día de las Peñas de las Fiestas Grandes Milagro 2010, el pasado viernes. Las cuadrillas siguen celebrando su día grande después de la comida en la Avenida Navarra. ¡Qué bien lo pasamos! Canciones, bailes, risas, agua por las ventanas, rondas, la tradicional Bajadica desde la plaza... Un año más, día épico. ¡Gracias!

domingo, 5 de septiembre de 2010

¡Viva San Blas!

Aunan fuerzas y lo levantan sobre sus hombros. Después, caminan en procesión, acompañados de los vecinos de la localidad, los representantes del Ayuntamiento y la Banda de Música. Son los quintos, jóvenes que este año cumple los 18 y que, como cada primer domingo de septiembre, cumplen con la tradición: pasear la figura de San Blas, patrón de Milagro, por las calles del municipio. Ocho chicos, situados a ambos lados, portan la representación del santo. A su lado, varias chicas sostienen unas largas varas de madera para apoyarla durante las paradas en las que se honrará cantando jotas al patrón milagrés. La procesión también se lleva a cabo el tres de febrero, durante las fiestas de invierno. Hace cuatro años fuimos nosotros, los quintos nacidos en 1988. Este año ha sido el turno de la quinta de Aitor, mi hermano. Y, por primera vez, no voy a estar allí. Es un día muy especial, sobre todo para los quintos, que se celebra con la familia y los amigos. Desde hace cuatro años, la cuadrilla hacemos la ya tradicional comida de San Blas, habitualmente en el restaurante Burgalés, con el clásico revuelto de setas y solomillo a la brasa. Después, hacemos una ronda por los bares y vamos a ver las vaquillas. ¡Cuánto lo estoy echando de menos! ¡Espero que disfrutaseis ayer del chupinazo, de la noche festiva y hoy paséis un gran día!

En el siguiente vídeo podéis ver una jota dedicada a San Blas durante la procesión de 2009. Emocionante. El autor del vídeo es José Mari Barrado.

Mi madre, cronista oficial de estas fiestas, me informa que a la procesión y a la misa que acaba de terminar ha acudido "un montón de gente" y que "la iglesia estaba llena". "Es el día más bonito, con las canciones y todo, se te ponen los pelos de punta", cuenta. Además, me dice que el tiempo ha acompañado, con calor y sol. Ahora iban a tomar el vermut, "un mostico", antes de comer.


De esta fotografía hace un año. En ella, Leyre, Maider, Dani, David, Abi y yo, vestidos con los colores tradicionales, acabábamos de encontrar un "correpasillos" en la calle. Habíamos terminado de comer, y nos preparábamos para iniciar la ronda. ¡Gran día! Si todo va bien, en unos días estoy allí para disfrutar de las fiestas, que se celebran hasta el próximo domingo. ¡Viva San Blas! ¡Viva Milagro!

viernes, 3 de septiembre de 2010

La piel de los tomates

Antonio siempre tenía libros y papeles encima de la mesa y nos leía unos cuentos fantásticos en clase de Creatividad Literaria. Recuerdo con cariño un relato de José Jiménez Lozano (Langa, 1930) titulado La flor del almendro. En él, un hombre no podía proteger la flor, que al final era presa del frío. Y esa flor es un símbolo. No quiero contarlo aquí porque el cuento es precioso y merece la pena leerlo. Otro de los relatos que leímos fue Una taza de té, objeto que también es símbolo en la historia. Este verano he tenido la oportunidad de leer los cuentos de uno de los libros que descansaban en la mesa de Antonio, La piel de los tomates. En él se incluye Una taza de té y otras historias fantásticas como Un artista. En todos el lector disfruta del inconfundible tono de Jiménez Lozano: sensible, claro y sencillo; pero a la vez enigmático. Es capaz de dotar a las historias comunes de un aura de magia increíble. Encierran el misterio de lo cotidiano. A veces, tengo la sensación incluso de no haberlos comprendido. Lo mismo sucedía cuando en clase nos explicaban que el significado del símbolo, a diferencia de otras figuras como la metáfora, no se agota. Yo me quedaba pensando qué sería exactamente eso de no agotarse. Me costaba entender cómo el significado de algo podría ser inagotable. Y creo que al releer Una taza de té lo he comprendido un poco. Cuando lo volví a leer, sentí de nuevo la inquietud, la magia de esa escena en la que se van dando respuestas a las incógnitas planteadas al comienzo del relato. Pienso que es un cuento que seguirá fascinándome cuando lo vuelva a leer dentro de un tiempo. Una sensación, que como el símbolo, no está limitada.

La piel de los tomates en la biblioteca del edificio Koldo Mitxelena, en San Sebastián.