jueves, 14 de octubre de 2010

El dinero nunca duerme

Compramos sin ton ni son acciones de Repsol, Pescanova y Telefónica. Sí, por aquello de "diversificar el riesgo", éstas fueron nuestras primeras inversiones. A los pocos días, probablemente al día siguiente, llegaron las pérdidas. Nuestros 60.000 euros iniciales iban desapareciendo en la vorágine de los parqués bursátiles. Vivíamos pegados a las páginas salmón, a las tablas de valores y a la columna de Bolsa del periódico. Nunca nos había importado tanto que bajase el precio del barril de crudo. Invertimos en otras empresas, vendimos acciones a precios irrisorios... Pero no levantábamos cabeza. Ni nosotras, Las Letras del Tesoro, ni los otros grupos que participábamos en aquel juego de Bolsa, en las clases de Economía de primero de Bachillerato, en 2005. No recuerdo en qué posición quedamos en el ranking a final de curso. Supongo que en puestos intermedios. Aunque parezca increíble, había inversiones más descabelladas que las nuestras (sí, más aún). El último puesto, con pérdidas astronómicas, fue para el grupo Wall Street, con inversiones en varias compañías, entre ellas Inditex. El profesor, un grande, no se desesperaba ante nuestros resultados penosos. Incluso creo que le hacían gracia. Una mañana nos puso en clase la película Wall Street. La cinta muestra el trabajo del broker, las especulaciones, el uso ilícito de información privilegiada, el estrés de la inversión, su voracidad... Nunca me había planteado ser broker, pero alumbrada por el juego y el filme, sospeché que tampoco era lo mío.



El otro día, mi hermano estuvo viendo precisamente esa película y yo recordé esta historia. Después, los dos fuimos al cine a ver la segunda parte: Wall Street, el dinero nunca duerme, protagonizada, como la primera, por Michael Douglas en el papel de Gordon Gekko, que sale de la cárcel. A pesar de que tiene algunas escenas bien mostradas, la trama discurre demasiado lenta. Le sobran minutos y el final no es creíble. Parece que se la ha caído un azucarero encima. Además, hay elementos del montaje, como algunos fundidos o encadenados que, en mi opinión, son muy zafios.


Me remito a las palabras del siempre sabio Aitor Escalada, mi hermano: "En la escala de Aitor Escalada, del cero al diez, siendo Gladiator el diez y Crepúsculo el cero, Wall Street 2 tiene un cuatro. Una película no se puede calificar sólo por el final, pero importa mucho". Como detalle añade que el modelo de Ducati que aparece en la película es el de 2010, cuando está ambientada en la crisis de la post-burbuja de 2008. Pienso que lo mejor de la película es la actuación de Douglas y que podría salvarse aligerando y recortando las partes más densas, en las que el espectador irremediablemente se pierde entre los números y las empresas.

En la imagen, de Google, Wall Street.

3 comentarios:

B dijo...

Siendo Gladiator el diez y Crepúsculo el cero jajajajajajjaajjaja

Sonia dijo...

Coincidiendo con el diez y el cero de tu hermano en su ranking, creo que ha sido incluso generoso con la nota final a Wall Street. Yo le quitaba un punto. Yo, que no tengo ni puñetera idea de cine, creo que los personajes, menos el de Shia Labeouf (que aún tiene un pase) están absolutamente indefinidos. No hay coherencia en sus acciones. Si un personaje es malo, es malo y punto. No hay por qué seguir esa estúpida ley no escrita de que vale más una historia que acaba bien que una que acaba mal, saltándose a la torera la coherencia interna del personaje que nos hemos tirado toda la película construyendo. También de acuerdo contigo en cuanto a las escenas en las que no sabes muy bien de qué hablan a no ser de que tengas un máster en finanzas (que no es el caso, tal y como están los tiempos). Lo peor es que creo que incluso al que tiene el máster le aburrirá esta película, que podía haber sido grande y se quedó en un intento.

Leire dijo...

Gracias por los comentarios, chicas! Sonia, en efecto, los personajes navegan en la indefinición. Y sí, probablemente también aburriría a los del máster.