domingo, 28 de noviembre de 2010

La sombra de lo que fuimos

La sombra de lo que fuimos llegó a mis manos casi por casualidad. Su autor, el chileno Luis Sepúlveda (Ovalle, 1949), me fascinó con Un viejo que leía con novelas de amor. Sin embargo, en esta historia no ha conseguido mostrarme los personajes. Me he quedado con los trazos pero no he llegado a conocerlos. Narra la historia de tres ancianos revolucionarios que sufieron el exilio durante la dictadura de Pinochet y que se van a reunir junto a otro de sus camaradas, que no llega a la cita. La idea, llena de recuerdos y conversaciones, es atractiva. Pero no he llegado a introducirme. Reconozco que las descripciones de los lugares son buenas y que hay un capítulo en el que se produce un cómico intercambio de mails que me gustó, pero la histoira se queda como un boceto. Irremediablemente me perdí entre los hechos históricos y los personajes. En la imagen, tomada de Google, La sombra de lo que fuimos. Hoy no hay foto propia porque mi cámara se rompió y el libro tuvo que regresar a las estanterías de la biblioteca.

martes, 23 de noviembre de 2010

Cuarto de sol en el cielo

Beatriz tiene ilusión y talento. Con tan sólo 18 años, ha publicado su primera novela, Cuarto de sol en el cielo. El siguiente párrafo es la introducción de su entrevista en Diario de Navarra el pasado domingo, que podéis leer completa haciendo click aquí:

"Beatriz Sánchez Tajadura (Burgos, 1992) comenzó a escribir cuando tenía diez u once años. Custodiaba las historias en su habitación casi como un secreto. Un día se animó a dejarlas leer, a presentarlas a concursos y enviarlas a editoriales. Sus padres, Fernando y Conchita, ingeniero y farmacéutica, le apoyaron. Hace unos meses, la editorial Gran Vía apostó por Cuarto de sol en el cielo (92 páginas, 10 euros), su primera novela publicada. Narra las aventuras del joven ateniense Aris, mediante las que explica el mito de la Caverna de Platón. Este relato ya se ha convertido en lectura obligatoria de Filosofía en algunos colegios burgaleses. Ahora, con 18 años, estudia 1º de Periodismo y Filosofía en la Universidad de Navarra."

Cuarto de sol en el cielo es una historia positiva, que consigue dibujar las enseñanzas platónicas en acciones, en personajes bien trazados, con personalidades muy definidas. Pero no sólo es un libro didáctico. También contiene una trama ágil y un estilo narrativo fresco y cercano. Se trata de un relato que anima a pensar y que ayuda adentrarse en las ideas. Me gustó la naturalidad con la que narra un pensamiento profundo, cómo va construyendo la historia y vistiéndola de detalles. Cuando conocí a Beatriz personalmente descubrí lo que ya se intuye en su prosa: una chica con ilusión y ganas de trabajar, además de con talento y pasión por la escritura. Y precisamente eso hay que hacer para cumplir un deseo: soñarlo y trabajar. Me alegro de que su relato esté en las librerías. En Pamplona, lo compré en Troa, pero por encargo puede conseguirse también en otras como Elkar. Cuesta diez euros. Estoy segura de que leeremos más historias suyas. En la fotografía, de Javier Sesma, Beatriz posa junto a Cuarto de sol en el cielo en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra.

martes, 16 de noviembre de 2010

Problemas de geografía personal

Algunos tachan la llamada poesía de la experiencia de simplista y fácil, de elaborar poemas para la masa. Reconozco que no soy una experta en la materia, pero sí sensible ante las críticas sobre una corriente que disfruto. Me parece pretencioso y soberbio decir que son poemas que "se entienden", versos que no esconden nada, cuando la poesía por definición es un mensaje implícito. No se puede desdeñar algo porCursiva usar un lenguaje cotidiano, por buscar en lo común la grandeza humana. Sus detractores no la entienden quizá porque ellos no quieren llenarse de polvo, reflexionar sobre las pequeñas tragedias, las heridas o los abrazos de diario y prefieren mantener los corsés de una "elite". Creo que la escritora Flannery O'Connor (1925-1964, Georgia, Estados Unidos) decía en un ensayo que no se puede ser escritor si no se está dispuesto a cubrirse de barro. Y es cierto. No es posible. Tampoco sus críticos se dan cuenta de que los poetas de la experiencia y de la antipoesía (que no son términos intercambiables) han leído a los clásicos, conocen y admiran su obra. Sus poemas no son sentimientos escupidos en un papel. Ojalá, de verdad, la poesía de la experiencia acercara a muchas personas a leer.


Nunca sé despedirme de ti, siempre me quedo/ con el frío de alguna palabra que no he dicho, / con un malentendido que temer, / ese hueco de torpe inexistencia/ que a veces, gota a gota, se convierte/ en desesperación.
Nunca sé despedirme de ti, porque no soy / el viajero que cruza por la gente, / el que va de aeropuerto en aeropuerto / o el que mira los coches, en dirección contraria, / corriendo a la ciudad /en la que acabas de quedarte.
Nunca sé despedirme, porque soy/ un ciego que tantea por el túnel / de tu mano y tus labios cuando dicen adiós, / un ciego que tropieza con los malentendidos /y con esas palabras/ que no sabe pronunciar.
Extrañado de amor, / nunca puedo alejarme de todo lo que eres. / En un hueco de mi torpe inexistencia, / me voy de mí / camino de la nada.

Luis García Montero (Granada, 1958) escribió este poema, titulado Problemas de geografía personal, en el poemario Completamente viernes en 1998. En la fotografía, Hondarribia amanece un sábado de 2009.

viernes, 12 de noviembre de 2010

De qué hablamos cuando hablamos de amor

Los finales de Raymond Carver (1938-1988, Estados Unidos) siempre me dejan una sensación de desconcierto. Terminan como un golpe, dejando heridas abiertas o, al menos, cicatrices marcadas. Me dejan pensando si he entendido su esencia, con dudas. Me sucedió con Tres rosas amarillas y me ha pasado con De qué hablamos cuando hablamos de amor. Me cautiva cómo presenta la acción, cómo el absurdo, la desgracia u otras emociones sacuden las vidas comunes a través de un lenguaje directo, de unas escenas que encierran mucho más de lo que muestran, aunque no llegue a comprenderlas. De entre todos los relatos, me queda sobre todo una duda del titulado El baño, que ya habíamos leído en Creatividad Literaria. Mi amigo David y yo recordamos otro final, una historia más larga en la que aparece el personaje del pastelero en persona, no sólo como una voz telefónica. Pensamos en el cuento Parece una tontería, que aparece en la antología Vidas cruzadas. No sabemos si son dos distintos, si hay ediciones diferentes de El baño... En cualquier caso, Carver consigue, como en la poesía, contar cosas casi sin decirlas, dejando una interpretación libre a quien las lee. En la imagen, De qué hablamos cuando hablamos del amor, por fin, en mi piso de Pamplona.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Los ojos de Julia

Una hora y veintitrés minutos de tensión. Los ojos de Julia empieza y termina con fuerza. La película, dirigida por Guillem Morales y protagonizada por Belén Rueda, mantiene al espectador agarrándose a la silla, esperando otra aparición, otro apagón.Cuenta la historia de Julia, una mujer que sufre una enfermedad degenerativa que la va dejando ciega. Su hermana gemela, Sara, se suicida. Pero Julia cree que detrás de su muerte hay algo más. El suspense se mantiene vivo y algunas escenas se sirven crudas. Cuchillo y sangre frente a frente sin anestesia. Tiene unos juegos de luces fantásticos y Belén Rueda vuelve a demostrar, como ya lo hizo en películas como El orfanato, que es una gran actriz. En la imagen, tomada de proximosestrenos.es, un ojo de Julia.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Los buenos deseos

Al terminar cada uno de los relatos de Los buenos deseos, de Yiyun Li (Pekín, 1974), sentí que había leído un cuento redondo. Son historias ambientadas en China o en Estados Unidos, marcadas por la experiencia de la Revolución Cultural. Pero pensar que es un libro político es muy pobre, y además equivocado. Más allá de esta situación que indudablemente afecta a varias generaciones chinas, los sentimientos que se describen pueden extrapolarse a cualquier lugar. Habla de amor, de respeto, de engaño, de esperanza. Los personajes no son ni buenos ni malos. Tienen virtudes y debilidades como cualquiera. Caen en sus torpezas, buscan el amor, hacen daño, ríen. Y trasmitir esto en una historia que mantiene la intriga y la sorpresa es muy valioso. Desde el punto de vista narrativo, creo que se puede aprender mucho de este libro. La mayoría de los cuentos están narrados en presente y vuelve a episodios del pasado con delicadeza. Admiro que un narrador de saltos temporales sin golpes secos, que sea capaz de moverse en el tiempo hilando tan bien el texto. Me gusta también porque tiene un lenguaje sincero, sin excesos. Los buenos deseos es esperanza para la vida y para la literatura. Gracias, Josean, por acercarme esta historia. En la imagen, Los buenos deseos disfruta del otoño en la plaza Félix Huarte, en Pamplona. Un buen deseo es que lo leáis.