domingo, 23 de enero de 2011

Las partículas elementales

"Toda sociedad tiene sus puntos débiles, sus llagas. Meted el dedo en la llaga y apretad bien fuerte". Esta frase, destacada en la contraportada de Las partículas elementales, pertenece al autor de la novela, el francés Michel Houellebecq (Saint Pierre, 1956). Él, a diferencia de otros, no sólo reconoce y no oculta la herida, sino que profundiza en ella. Lo hace con una agudeza aterradora, aunque provoque dolor. La obra narra la vida de dos hermanastros, Michel y Bruno, muy distintos pero a la vez semejantes por el vacío que vertebra su existencia. La historia, plagada de sexo y violencia salvajes, elabora una crítica sin anestesia de nuestra sociedad, de su rapidez, de la caza del placer. Supone, como expresó Bertrand Leclair en La Quinzaine Littéraire, "una autopsia del deseo". Como se incide en la contraportada, los excéntricos protagonistas son la "encarnación consumada, en fin, de una sociedad en que la voracidad del placer no deja tiempo al nacimiento del deseo". En la novela, Houellebecq reflexiona sobre ese deseo y escribe: "Había en aquel chiquillo algo muy puro y muy dulce, anterior a cualquier sexualidad, a cualquier consumo erótico. El simple deseo de tocar un cuerpo amante, de que lo estrecharan unos brazos amantes. La ternura viene antes que la seducción y por eso es tan difícil de despertar" (página 54). También habla con crudeza de la tragedia que para muchos supone el deterioro del atractivo físico: "Como rasgo sintomático, también podemos señalar la reacción del público frente a la perspectiva de un atentado terrorista: en la casi totalidad de los casos la gente preferiría morir en el acto antes que verse mutilada, o incluso desfigurada. En parte, claro, porque todos están un poco hartos de la vida; pero sobre todo porque nada, ni siquiera la muerte, les parece tan terrible como vivir con un cuerpo menoscabado" (páginas 251-252). Ante el pesimismo doloroso y certero, aparecen dos personajes, Annabelle y Christiane. Las dos mujeres, a pesar de estar sacudidas por la tragedia y el vacío que parecen venirles determinados, son capaces amar. Y creo que ese sentimiento es el que rescata los rasgos de un ser humano libre, aunque su existencia sea esclava de un torbellino del que no puede escapar. Las partículas alementales apunta a las entrañas con un humor ácido e inteligente. Es valiente porque huye de cualquier convencionalidad y se atreve a hurgar en las sombras. Ahora yo también estoy deseando que llegue La carta y el territorio, la nueva novela de Houellebecq :)

7 comentarios:

Goizeder Lamariano Martín dijo...

La verdad es que no conocía ni el libro ni el autor, pero gracias a tu reseña me ha llamado mucho la atención y me gustaría leerlo algún día de estos, porque tiene muy buena pinta. Siempre es bueno descubrir nuevas historias y autores. Un abrazo muy fuerte.

B dijo...

No es necesario que esperes tanto. Mata el tiempo con "Plataforma", publicado también por Anagrama (Dios bendiga a Jorge Erralde). Te encantará.

eresfea dijo...

B., Plataforma, para mí, está un escalón por debajo de Las partículas...

B dijo...

Josean, tienes razón. Pero yo también tengo razón. Es buen libro.

B dijo...

Por favor, ¿alguien puede obviar que escribí Erralde en vez de Herralde? Gracias.

Marta Ingelmo dijo...

Queda apuntado en la lista de pendientes

Marta Ingelmo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.