miércoles, 12 de octubre de 2011

La piel que habito

Robert Ledgard es un reconocido cirujano plástico obsesionado con crear una piel artificial para humanos que hubiese podido salvar a su esposa, que sufrió graves quemaduras en un accidente de tráfico. El proyecto será llevado al extremo de la obsesión, al tiempo que cumple una cruel venganza. Esta es la historia que narra La piel que habito, película inspirada en la novela La tarántula, de Thierry Jonquet, y dirigida por Pedro Almodóvar. Desde el comienzo del filme, la trama va arrojando y recogiendo las piezas que forman este thriller brutal protagonizado por Antonio Banderas, en el papel de Ledgard, y Elena Anaya, como Vera, la joven que vive junto al doctor y Marilia (Marisa Paredes), el ama de llaves de la finca El Cigarral. El suspense juega con giros temporales, al estilo de otras cintas del manchego, como la reciente Los abrazos rotos. Penetra poco a poco en la mente del médico, en su obsesión, en su locura. Y, a la vez, desnuda la historia de Vera, un personaje inquietante bordado por Anaya, a un ritmo cada vez más cautivador. La piel que habito relata con maestría una obsesión desbordada en consecuencias casi inimaginables, una angustia interior en torno a la identidad, un terrible secreto que se va dibujando a través de símbolos. Construye un puzzle en el que todos los detalles cuentan. Y esa intensidad con la que cuentan las buenas narraciones, las buenas películas, es uno de los elementos más valiosos porque cautivan, sacuden por dentro.

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