jueves, 15 de diciembre de 2011

Un mundo contenido en una habitación

El salón de un hogar aparentemente apacible se convierte en un ring de boxeo dialéctico. El matrimonio Cowan ha acudido a la vivienda de los Longstreet para resolver de forma 'civilizada' el enfrentamiento entre sus dos hijos. En la pelea, el niño de los Cowan ha golpeado con un palo al de los Longstreet, dejándole un ojo morado y dos dientes rotos. Esta es la historia que presenta Un dios salvaje, película dirigida por Roman Polanski y basada en la obra teatral homónima (Carnage en su título original) de la dramaturga y escritora Yasmina Reza, con la que el cineasta ha escrito el guión de la cinta.

La riña entre los dos niños, que se ve en las primeras imágenes del filme, es sólo un preámbulo de la pelea que sucede en el piso de los Longstreet, donde se desarrolla toda la acción, y que no sólo enfrenta a los dos matrimonios, sino a los propios esposos entre sí. A través de una conversación que va prolongándose y que tiene lugar casi todo el tiempo en la sala de estar del apartamento (con algunos momentos en el cuarto de baño, la cocina o el rellano del edificio), los cuatro personajes van mostrando su carácter y sus miserias.

Con un guion muy ciudado, efectivo e hilarante, la historia sacude las apariencias para retratar a un ritmo trepidante cómo son en realidad esos padres presuntamente educados y bienintencionados. La interpretación de los cuatro personajes es magnífica. Kate Winslet y Christoph Waltz dan vida a Nancy y Alan Cowan, mientras que Jodie Foster y John C. Reilly encarnan a Penélope y Michael Longstreet. Los defectos, prejuicios y excentricidades de los cuatro personajes van planeando desde inicio, pero nada vaticina cómo irá desarrollándose el diálogo que los descubrirá al extremo.

A lo largo de los 80 minutos que dura la película, se suceden situaciones tan divertidas que el espectador no puede separase de la historia. Los personajes se enroscan cada vez más en sus trapos sucios, en su torpeza, y las declaraciones cordiales, a la vista hipócritas, dan paso a actitudes que derrumban los pilares que al principio enarbolaban. Esta historia retrata con grandes dosis de humor e ironía problemas de las relaciones humanas, de las apariencias, de los instintos, todo contenido en una sala en ebullición.

1 comentario:

Miss RR dijo...

Gracias por recordarme una de las películas que tenía pendientes de ver. Una más de la lista.