miércoles, 15 de febrero de 2012

La historia de Harry y Sally

“Te quiero cuando tienes frío estando a 21º, te quiero cuando tardas una hora para pedir un bocadillo, adoro la arruga que se te forma aquí cuando me miras como si estuviera loco, te quiero cuando después de pasar el día contigo mi ropa huele a tu perfume y quiero que seas tú la última persona con la que hable antes de dormirme por las noches. Y eso no es porque esté solo ni tampoco porque sea Nochevieja. He venido aquí esta noche porque cuando te das cuenta de que quieres pasar el resto de tu vida con alguien deseas que el resto de tu vida empiece lo antes posible”. Esta conocida declaración de amor, sincera y entrañable, pertenece a la película Cuando Harry encontró a Sally, una comedia romántica dirigida por Rob Reiner en 1989, perfecta para disfrutar en cualquier momento del año.

La historia, protagonizada por Sally, interpretada por Meg Ryan, y Harry, encarnado por Billy Cristal, comienza cuando, en edad universitaria, los jóvenes se conocen (él mantiene una relación con una amiga de ella) y viajan juntos de Chicago a Nueva York en el coche de la chica. Durante el trayecto, conversan sobre diversos temas, como la amistad, el amor o el sexo, y muestran posturas opuestas. Ella más idealista, el más pragmático.

Años más tarde, después de pasar por diversas relaciones amorosas, la vida les vuelve a poner en el mismo escenario. Así, tras varios encontronazos, comienzan a ser amigos, una amistad que irá convirtiéndose en amor sin que ellos mismos se den cuenta. Su historia está narrada con grandes dosis de humor, diálogos agudos, divertidos, que reflexionan sobre las relaciones humanas, sus alegrías y sus sinsabores.

Además, alrededor de la historia principal hay otras entrelazadas, como la de la relación entre dos amigos de la pareja protagonista, un romance que precisamente nace de una cita a ciegas preparada por ésta. La película está narrada en forma cíclica, con pequeñas interrupciones de parejas que relatan su experiencia. Cuenta el amor con naturalidad, con su luz y con sus tropiezos, y sobre todo con una agradable comicidad, empatía, sin artificios ni cursilería. Si se quiere disfrutar de una buena comedia romántica, es una apuesta segura.


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