sábado, 9 de junio de 2012

Risas continuas con Arturo Fernández

Después de una fiesta, Silvia y Pablo, un matrimonio maduro de clase alta, deciden abrir la caja de Pandora y contarse, el uno al otro, con cuántas personas han sido infieles. Una intensa conversación nocturna que se prolonga hasta el día siguiente cuando entra en escena Luis, íntimo amigo de la pareja. Esta es, grosso modo, la historia que narra Los hombres no mienten, una hilarante comedia teatral protagonizada por Arturo Fernández (Pablo), Sonia Castello (Silvia) y Carlos Manuel Díaz (Luis).

La obra, escrita Eric Assous, fue galardonada con el Premio Moliére a la mejor obra teatral en 2010 y lleva en cartel en el Teatro Amaya de Madrid (Paseo del General Martínez Campos, 9) desde el 21 de septiembre gozando de gran éxito. Su secreto, las risas continuas y las excelentes actuaciones de sus tres intérpretes, que se meten al público en el bolsillo desde le primer segundo. A través de una larga discusión y reunión “amistosa” se desarrolla un divertido y sorpresivo enredo para abordar el tema de la sinceridad en el matrimonio.
Durante la obra, en el patio de butacas aún se escucha algún clásico “chatina”, tan típico en Fernández, que consigue una empatía brutal. Inconfundible su gestualidad y comportamiento galante y pícaro, personas muy característicos en su carrera, a los que imprime esa elegancia y simpatía de su propia personalidad. Quedan tres días para disfrutar de esta estupenda comedia, que el próximo lunes, día 11, echa el telón. 

 Los tres protagonistas, en una imagen promocional de la obra.

viernes, 1 de junio de 2012

Nueva York de la mano de Elvira Lindo


Elvira Lindo cuenta que “no hay tantos autores que tengan el don de hablar a cada uno de los lectores en particular, como Faulkner habló e iluminó a Salinger, sin la distancia que a menudo impone el lenguaje literario”. Lo hace desde las páginas de Lugares que no quiero compartir con nadie y esa cualidad que admira en el escritor, es precisamente una de sus virtudes. Este libro, publicado por Seix Barral, lo demuestra. A medio camino entre la 'crónica' y una 'guía' personalísima, la escritora comparte sus lugares favoritos de Nueva York, la ciudad en la que vive seis meses al año.

La obra, llena de anécdotas y reflexiones, se disfruta como una charla entre amigos. Lindo consigue hacer partícipe al lector de su “vagabundeo” diario, de ese descubrir una ciudad fascinante, de paso habitual de turistas, pero que ella ha conseguido hacer su casa, un hogar que comparte con su marido, Antonio Muñoz Molina. Invita a quien se adentra en la obra a acompañarla a restaurantes, bares y cafés; a caminar por su barrio, el Upper West; a que se le haga la boca en un “día cualquiera para gordos” con “¡las mejores galletas de la ciudad!”, entre otras delicias; a disfrutar de un paseo por el Riverside Drive con su perra Lolita; a visitar el Museo de Historia Natural, su preferido; o la casa de Loius Armstrong, entre otros lugares.

Su mirada, perspicaz, tierna y divertida, es la de una extranjera en una ciudad que ya es la suya desde hace siete años, en la disfruta con su familia y sus amigos, y en la también se agobia o le sacude la nostalgia. Y lo transmite con esa voz tan bien definida, al estilo de las columnas de Don de gentes que cada domingo publica en El País, que cuenta sus alegrías y también sus flaquezas. Son muy atractivos los 'personajes' que desfilan por el libro, la forma de describirlos, de retratarlos de forma viva y compartir con ellos. Lo mismo hace con los lugares, en los que pone la lupa en cada detalle, desde la decoración a las personas que los frecuentan, y recupera experiencias personales vividas en ellos.

Lugares que no quiero compartir con nadie, sugerente desde su título, es un viaje personal por los días cotidianos de una ciudad inmensa perlada de historias. Un pequeño tesoro que reflexiona sobre la vida (diaria) y transmite su amor por ella. Un libro para callejear y sentir. Imprescindible.