miércoles, 30 de enero de 2013

Tarde

Me enamoré demasiado tarde. No era momento de herir las cortezas de los árboles dibujando corazones. Tampoco de que me buscase al salir de clase en una vespa vieja, ni de correr bajo la lluvia sin paraguas. No iríamos a la playa a leer un libro porque la gente llevaba e-books y eso ya no tenía tanta gracia. Tampoco trazaríamos palabras en la arena con los dedos de los pies. Sólo me quedaba besarle. Besarle sin fin. Pero a él también se lo había llevado el tiempo.

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En la imagen, venta de candados del amor en el Ponte Milvio. Roma, junio 2011.