viernes, 15 de febrero de 2013

Méndez contra la trata

Han pasado 30 años, y con ellos muchas investigaciones, desde que el escritor y periodista Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927) creó a su conocido inspector Méndez. Tras sufrir un ictus, el autor ha vuelto a llevarle a las librerías. Desde el pasado enero, este policía del barrio barcelonés del Raval se enfrenta a su último caso en las páginas de Peores maneras de morir. La novela arranca con el brutal asesinato de dos jóvenes, tras el que se oculta una peligrosa organización dedicada al tráfico de mujeres eslavas.

Méndez, un hombre “de la vieja escuela del gatillo”, es capaz de pagar la tumba del atracador al que ha asesinado en acto de servicio y de alimentar a los perros del delincuente al que ha llevado a prisión, pero no le tiembla el pulso a la hora de acabar con los criminales como sea necesario. Curtido en el vagabundeo diario y frecuentando bares de dudosa reputación, cree en la ley de la calle antes que en la de la justicia, por lo que sus superiores se muestran hastiados y le sugieren repetidas veces la idea de la jubilación.

Este es Méndez, un personaje clásico, un arquetipo que no defrauda y que conduce al lector con habilidad por las calles de una Barcelona cambiante, en la que las esquirlas del pasado conviven con un presente rápido, cosmopolita y, en demasiadas ocasiones, cruel. González Ledesma recrea muy bien esa urbe en metamorfosis y su cara más sombría, marcada por la corrupción, la hipocresía, el ansia de poder y la brutalidad. Junto a Méndez, el personaje potente de esta novela es la joven ucraniana Eva Ostrova, por el doble papel que desempeña.

La intriga se mantiene a lo largo de toda la trama, narrada con un estilo directo e incisivo, que reitera algunas ideas como un martillo repequiteando en la cabeza del inspector en esa carrera a contrarreloj contra el crimen y la injusticia. El único reproche a esta novela es esa suerte de historia amor que se va desgranando poco a poco. Resulta demasiado melosa y construye, al final, una escena clave pero surrealista. En cualquier caso, es un libro adictivo y muy visual, que regala frases como estas: “Si la vida no tiene palabras amables, las hemos de tener las personas. Aunque mintamos”.

*En la imagen, Peores maneras de morir. Planeta, 384 páginas, 18.90 euros.


1 comentario:

Goizeder Lamariano Martín dijo...

No he leído nada del autor, esta es la segunda reseña que leo de esta novela y me picáis cada vez más la curiosidad. Muchos besos.