jueves, 30 de mayo de 2013

El otro idioma

Abrió la tapa del contenedor y se metió de cabeza hasta el pecho. Apenas tendría unos cuarenta años, llevaba el cabello recogido en una coleta y vestía una cazadora raída y una falda por debajo de la rodilla. Sacó una bolsa de basura negra y la inspeccionó. Poco se podía aprovechar de aquellos desperdicios. Tomó un cartón de yogures sin abrir y un peine combado y la devolvió. Entonces se percató de que, sentado en la acera, estaba Nico, mi vecino del tercero. Se acercó a él y se agachó hasta ponerse a su altura. Yo los observaba desde el balcón.

Nico tiene siete años y mi padre me contó que sufre autismo. No sé muy bien lo que es, pero está claro que es el niño más listo del barrio. Y me atrevería a decir que de Ávila entera. La mujer le saludó, pero él siguió mirando al vacío. Ella no se rindió. Siguió hablándole despacio, sonriente, en un idioma que no entendí. Ni español ni inglés. Ruso o rumano, tal vez. Parecía mi madre cuando nos contaba los cuentos por las noches. Nico la miró y le respondió con una sonrisa.

*El microrrelato con el que quedé finalista en el concurso El Autismo Cuenta, organizado por CuentaCuarenta, junto a la Asociación Autismo Ávila. En la fotografía, la Plaza Mayor de Ávila, en noviembre de 2012.

jueves, 16 de mayo de 2013

El Mal

"Por más audaces o cautelosos que opten ustedes por ser, en el curso de sus vidas tienen todas las probabilidades de entrar en contacto físico directo con lo que es conocido como el Mal. Con ello me refiero aquí, no a un aderezo de la novela gótica, sino, para decir lo mínimo, a una palpable realidad social que ustedes de ningún modo pueden controlar. Ni la mayor bondad, ni los cálculos más astutos impedirán este encuentro".

Joseph Brodsky, poeta ruso estadounidense.

Conferencia de graduación en Williams College. La canción del péndulo. Editorial Versal.

viernes, 10 de mayo de 2013

Las dos dimensiones del misterio

Julien Green (París, 1900-1998), hijo de un matrimonio estadounidense, escribió El viajero sobre la tierra durante su juventud. La novela arranca con el hallazgo del cadáver del joven Daniel O'Donovan, el 10 de septiembre de 1985, en el río que pasa por Farfaix, una ciudad universitaria norteamericana, al parecer víctima de un trágico accidente.

Lo presenta la voz de un traductor, que a continuación reproduce un manuscrito del difunto en el que narra su vida desde que comienzan sus recuerdos hasta sus últimos días. En él, Daniel, huérfano desde los once años, cuenta a los 17 su estancia en casa de sus tíos, que le acogieron a regañadientes tras la muerte de sus padres. Allí también vive el padre de su tía, un viejo ex militar de carácter difícil al que teme. El muchacho vive retraído en su propio mundo, en una soledad que va in crescendo, y aprovecha una oportunidad para huir de casa y de su ciudad y matricularse en la universidad.

Tras el manuscrito, la información se completa con las cartas que el director de la Revista de Fairfax envía al tío de Daniel, Charles Drayton, y las respuestas de éste, así como el testimonio por escrito que da Miss Smyth, la anciana que alquila una habitación al joven en Fairfax los días previos a su muerte.

La historia, tensa y angustiosa, logra mostrar, en tan sólo 91 páginas, una doble dimensión del misterio. Por un lado, la exterior, con una ambientación gótica, sacudida por tormentas nocturnas, ríos profundos y casas tan siniestras como atrayentes. Esta simboliza la interior, la más importante, que circunda el alma frágil y compleja del protagonista, que trata de entender el mundo y a sí mismo mientras se acerca inexorablemente a la tragedia.

La intriga se mantiene hasta el final de una forma distinta a los thrillers donde sólo se descubre qué pasó con la víctima a través de las pesquisas. La presencia de disintas voces narrativas va dando piezas al lector, que va reconstruyendo lo sucedido con sorpresa y con un constante misterio abierto.

Por su profundidad y carga psicológica y espiritual, bien merece una relectura para adentrarse de nuevo en el personaje y su entorno. La obra, publicada por Automática Editorial en junio de 2012, ofrece un epílogo que interpreta las claves de la obra y su autor, escrito por Álvaro de la Rica, su traductor al castellano.

lunes, 6 de mayo de 2013

Blanco y Negro

Difícil lograr lo que Cormac McCarthy (Providence, Rhode Island, 1933) ha conseguido con El Sunset Limited (96 páginas, 9,95 euros), la novela con forma teatral que llegó a las librerías españolas hace poco más de un año con Mondadori y que recientemente ha editado Debolsillo. Un mundo y dos perspectivas opuestas en un diálogo voraz contenidos en tan solo una habitación de uno de los edificios de un gueto negro neoyorquino. Los protagonistas son Blanco, un profesor universitario de raza blanca que está a punto de suicidarse, y Negro, un exconvicto de raza negra con una inquebrantable fe religiosa.

En su conversación, rápida y directa, sin apenas acotaciones, hablan sobre la vida y la muerte y se muestran algunos aspectos de la vida de los dos hombres. El magnetismo surge desde la primera página, no solo porque mantiene ese estilo ágil, desnudo y agudo de McCarthy, sino por las preguntas que se formulan y las reflexiones que elaboran ambos personajes. Blanco es arrastrado por Negro a un intenso debate que el profesor quiere abandonar en repetidas ocasiones, frente a la insistencia de su interlocutor. No quiere que éste se marche de la vivienda y pretende así salvarlo de nuevo de las vías del Sunset Limited, el tren a cuyo paso planea arrojarse.

El Sunset es el símbolo de la muerte, la liberación total para Blanco, un hombre desesperado que no cree en un camino más allá; y el convencimiento de Negro de que no puede desearse algo así. El diálogo transita por calles estrechas y recovecos en forma de preguntas enquistadas, viajes al pasado, como las reyertas carcelarias de Negro, donde protagoniza el horror y dice escuchar la llamada de Jesús.

El narrador, que tan sólo se encarga de enmarcar en presente las situaciones que se van produciendo en la vivienda, no actúa como juez. La obra huye de cualquier sentencia moral a favor de uno u otro personaje. Son ellos los que defienden con beligerancia sus posturas enfrentadas. Ambos son firmes en sus posición, pero Negro quiere además mutar la de su ‘oponente’. No es un diálogo fácil en cuanto a contenido y es precisamente esa capacidad de generar preguntas, de ahondar en la vida, la muerte y su sentido, a través de una conversación, lo que lo hace tan valioso.