lunes, 6 de mayo de 2013

Blanco y Negro

Difícil lograr lo que Cormac McCarthy (Providence, Rhode Island, 1933) ha conseguido con El Sunset Limited (96 páginas, 9,95 euros), la novela con forma teatral que llegó a las librerías españolas hace poco más de un año con Mondadori y que recientemente ha editado Debolsillo. Un mundo y dos perspectivas opuestas en un diálogo voraz contenidos en tan solo una habitación de uno de los edificios de un gueto negro neoyorquino. Los protagonistas son Blanco, un profesor universitario de raza blanca que está a punto de suicidarse, y Negro, un exconvicto de raza negra con una inquebrantable fe religiosa.

En su conversación, rápida y directa, sin apenas acotaciones, hablan sobre la vida y la muerte y se muestran algunos aspectos de la vida de los dos hombres. El magnetismo surge desde la primera página, no solo porque mantiene ese estilo ágil, desnudo y agudo de McCarthy, sino por las preguntas que se formulan y las reflexiones que elaboran ambos personajes. Blanco es arrastrado por Negro a un intenso debate que el profesor quiere abandonar en repetidas ocasiones, frente a la insistencia de su interlocutor. No quiere que éste se marche de la vivienda y pretende así salvarlo de nuevo de las vías del Sunset Limited, el tren a cuyo paso planea arrojarse.

El Sunset es el símbolo de la muerte, la liberación total para Blanco, un hombre desesperado que no cree en un camino más allá; y el convencimiento de Negro de que no puede desearse algo así. El diálogo transita por calles estrechas y recovecos en forma de preguntas enquistadas, viajes al pasado, como las reyertas carcelarias de Negro, donde protagoniza el horror y dice escuchar la llamada de Jesús.

El narrador, que tan sólo se encarga de enmarcar en presente las situaciones que se van produciendo en la vivienda, no actúa como juez. La obra huye de cualquier sentencia moral a favor de uno u otro personaje. Son ellos los que defienden con beligerancia sus posturas enfrentadas. Ambos son firmes en sus posición, pero Negro quiere además mutar la de su ‘oponente’. No es un diálogo fácil en cuanto a contenido y es precisamente esa capacidad de generar preguntas, de ahondar en la vida, la muerte y su sentido, a través de una conversación, lo que lo hace tan valioso.

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